La escuela de Artes y Oficios de Jerez fue para mí un oasis en medio del desierto. Las tardes que pasaba en la clase de dibujo artístico, de dibujo publicitario y de muchas otras asignaturas estaban llenas de una magia especial que sólo esa escuela podía dar. La mayoría de las tardes mis compañeros y yo esperábamos la hora de entrar desparramados sobre los bancos del claustro del antiguo convento dominico, dejando que el sol y la calma de ese mágico lugar nos embriagase por completo.
He recuperado una de mis primeras ilustraciones salidas de clase de Dibujo Publicitario. Mi profesor, Juan Herrador, no paraba de alentarme, de darme ánimos y de convencerme para que no dejase de creer en mi talento. Nunca lo olvidaré, ¡gracias, Profe!
Por cierto, el modelo para el dibujo fue mi hermano Álvaro, al que obligué -no recuerdo con qué falsa promesa- a posar para mí durante unos minutos para él interminables.

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